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5. Composición de la página

5.2. Dimensiones absolutas

La primera etapa en el diseño de un libro consiste en definir sus dimensiones, donde el término “dimensiones” debe tomarse tanto en sentido absoluto (es decir, el número de unidades de medida que tiene un libro en altura y anchura) y en sentido relativo (es decir, la relación entre ambas medidas o proporción).

Medida de las dimensiones absolutas

Las dimensiones absolutas se indican en milímetros, anchura por altura. Otra posibilidad es recurrir a la noción de “semiperímetro” o “talla” (introducido por Carla Bozzolo y Ezio Ornato1), que se entiende como la suma de los dos lados del folio (altura + anchura), que tiene la ventaja de reducir las dimensiones absolutas a un único valor numérico, que es más útil para comparaciones estadísticas (aunque otros codicólogos como prefieren considerar para el mismo fin una de las dos dimensiones, altura (J.P. Gumbert2) o anchura (Eric Turner3)). La proporción se puede expresar mediante una fracción (altura/anchura) (volveremos más adelante sobre las proporciones).

De todos modos, en cualquier operación posterior que se realice a partir de las medidas absolutas (como el cálculo de la proporción) deberá tenerse en cuenta que es muy posible que estas no sean las originales, ya que es muy frecuente que el códice haya sido refilado en alguna(s) reencuadernación(es) posterior(es) a su factura originaria, y por lo tanto las medidas absolutas hayan decrecido en varios milímetros.

Elementos que condicionan las medidas absolutas del códice

Las dimensiones absolutas dependen obviamente de la modalidad de uso para la que se destina cada códice en cuestión: un libro puede estar destinado a permanecer en un mismo lugar (como objeto de culto o de estudio), en cuyo caso puede tener grandes dimensiones, o bien a ser transportado frecuentemente, como en el caso de libros para la devoción o el entretenimiento personal, en cuyo caso será preferible un tamaño reducido o incluso reducidísimo (en cuyo caso el códice recibe la denominación de “pugilar” [Voc. Nº 316.13]).

El otro condicionante de las dimensiones del códice lo proporciona el propio material escriptorio. Evidentemente es imposible fabricar códices papiráceos de longitud superior a la del rollo comercial de papiro del que se cortaban las hojas, o códices membranáceos de dimensiones más grandes que las pieles de sus respectivos animales (y el ganado medieval era significativamente más pequeño que el actual). Por lo mismo el deseo de reducir el número de cólesis en un mismo bifolio de papiro da lugar a libros considerablemente estrechos, y en el caso del pergamino el sentido de los sucesivos pliegues producirá libros más estrechos o más anchos (excepto que la proporción sea 1/√2).

En el caso del papel, para cuya fabricación en principio no existe ninguna limitación en cuanto al tamaño, es interesante constatar como las medidas se mantienen de hecho dentro de los mismos límites del pergamino.

Finalmente hay que considerar también las limitaciones prácticas de la práctica de la copia manual y de la funcionalidad, y de ahí que los manuscritos miniatura sean realmente raros, y cuando los encontramos parecen haber tenido más bien una función de amuleto.

Las unidades de medida originales de los códices medievales

Por supuesto, en los escriptorios medievales no conocían el sistema métrico decimal, por lo que cabe preguntarse cuáles eran las unidades de medida en las que los maestros de escriptorio y los copistas medievales concebían los manuscritos que producían.

La dificultad para proseguir una investigación en esta dirección deriva de la extrema falta de regulación de las unidades de medida durante la Edad Media, ya que por supuesto no existía el sistema métrico decimal, y todo lo relativo a pesos y medidas se atenía a costumbres locales y difería considerablemente de unos lugares a otros.

Por ejemplo, en la Cataluña altomedieval la unidad de medida básica parece haber sido el pie, pero es difícil asegurar su correspondencia en el actual sistema métrico decimal, porque se usaban diversos tipos de pies: pie carolingio (33,048 cm), pie romano (29,376 cm), y otros dos pies catalanes más (de 29,156 y 25,930 cm respectivamente). Al menos al final de la Edad Media y principios de la Edad Moderna en Castilla, el patrón de medida lineal era la vara de Burgos, de 0,835905 metros, con pequeñísimas diferencias locales, debidas con toda probabilidad a la dificultad técnica de realizar medidas exactas, y la vara se dividía a su vez en codos (2/3), pies (1/3), palmos (1/12), pulgadas (1/36) y dedos (1/48); luego, una pulgada tenía 12 “líneas”, y una línea 12 “puntos”. Los ejemplos similares podrían multiplicarse para prácticamente la totalidad de las regiones europeas.

O sea, que para intentar convertir las medidas de una página medieval desde el sistema métrico decimal actual a su sistema métrico originario implicaría para empezar datar temporal y espacialmente el manuscrito y en segundo lugar tantear las distintas posibilidades que podría ofrecer el sistema métrico local.

Gilissen4 estudió las medidas absolutas de un relativamente reducido corpus de manuscritos tardomedievales e incunables producidos en el área geográfica que se corresponde en la actualidad con Bélgica. Su conclusión fue que las medidas utilizadas para la mise-en-page son múltiples exactos de la unidad de medida utilizadas en la zona, que es la pulgada (con ligeras variantes entre la pulgada de Amberes, pulgada de Brujas y pulgada de Bruselas).

Semiótica de las medidas absolutas

Las medidas absolutas también son susceptibles de ser estudiadas desde un punto semiótico (aunque esta es una cuestión que puede ser muy controvertida), pues durante la Edad Media se atribuía a muchos números un alto valor simbólico. De hecho, la numerología o misticismo numérico fue una disciplina asiduamente cultivada: cultivadores entusiastas de esta modalidad de las matemáticas fueron por ejemplo figuras tan influyentes en la cultura medieval como Marciano Capella (De nuptiis, II, 7), san Isidoro (Liber numerorum) y Rabano Mauro (De numero). Isidoro y Rabano recogen los atributos pitagóricos de cada número, pero añadiendo aplicaciones teológicas, tomadas tanto de la Biblia como de los Padres de la Iglesia. Isidoro alcanza a comentar hasta 153, pero Rabano extiende la lista hasta el 144.000, esto es, el número final de los elegidos, y aunque el Sevillano dé mayor número de ejemplos, Rabano es más refinado en su elaboración matemática5.

Cabe suponer, por tanto, que las medidas absolutas de la página, la caja de escritura o los márgenes no carecieran de valor simbólico, al menos en los códices más elaborados.

Pero solo después de fijar con seguridad las unidades absolutas en las que originariamente se planificó el códice se puede comenzar a especular con el significado simbólico implicado en los números. Y por supuesto siempre quedaría la posibilidad de que los maestros de escriptorio utilizasen fórmulas aritméticas con instrumentos no métricos, como reglas plegables o cuerdas anudadas a ciertos intervalos. Por estas y otras razones, cualesquiera conclusiones a las que se pudiera llegar partiendo de las unidades métricas no pueden ser más que provisionales.


1. Carla Bozzolo & Ezio Ornato, «III: Les dimensions des feuillets dans les manuscrits français du Moyen Âge», Pour une histoire du libre : Trois essais de codicologie quantitative, Paris, 1980, pp. 215-351.

2. J.P. Gumbert, “Livres grands, libres petits: un problème de taille", Gazette du livre médiéval 38 (2001), pp. 55-58.

3. Eric Turner, The Typology of the Early Codex, Philadelphia, 1977.

4. L. Gilissen, Prolégomènes à la codicologie. Recherches sur la construction des cahiers et la mise en page des manuscrits médiévaux, Les publications de Scriptorium 7, Gand, 1977; "La recette du Parisinus lat. 11884 et la mise en page des manuscrits", P. Rück & M. Boghardt (hrsg.), Rationalisierung der Buchherstellung im Mittelalter und Frühneuzeit. Ergebnisse eines buchgeschichtlichen Seminars, Wolfenbüttel, 12.-14. November 1990, Marburg and der Lahn, 1994, pp. 79-81.

5. V.H. Hopper, Medieval Number Symbolism. Its Sources, Meaning and Influence on Thought and Expression, New York, Columbia University Press, 1938, p. 104. Sobre el misticismo numérico específicamente en Rabano Mauro ver B. Taeger, Zahlensymbolik bei Hraban, bei Hincmar und im ‘Heliand’. Studien zu Zahlensymbolik im Frühmittelalter, München, C.H. Beck’sche Verlagsbuchhandlung, 1970.